11 de mayo de 2011

Mapas, de Vetusta Morla

No suelo hablar por aquí de canciones ni de discos, a no ser que sean propias o de amigos. Aunque no creo que se convierta en un hábito, voy a empezar hoy con un grupo que me gusta mucho, de los que hablé poco después de crear el blog cuando fui a verlos en un concierto. Me ha sorprendido ojear la entrada y darme cuenta de que muchas de las cosas que pensaba decir ahora las había dicho entonces, casi de la misma manera. Así que supongo que lo volveré a contar, un poco más despacio. Con ustedes, Vetusta Morla.



La primera vez que oí hablar de ellos, a principios de 2009, no pensé que fueran a gustarme demasiado. Pero, de tanto escuchar a gente recomendarlos y tras ver este increíble video, acabé dándole una oportunidad a su primer disco, Un día en el mundo, que había salido hacía pocos meses. Y me pasé meses escuchándolo. Buscando otras canciones que hubieran grabado antes. Yo y mucha más gente. Después de un disco tan redondo y que se había estado fraguando durante tanto tiempo, había mucha expectación por su siguiente trabajo. Poco a poco se fue sabiendo que vería la luz en 2011, y finalmente tuvo fecha puesta: el pasado Martes. Desde entonces Mapas se puede escuchar desde la web del grupo.

Sobra decir que la expectación traía consigo una gran incertidumbre porque el segundo disco no estuviera a la altura del primero: aquellos doce cortes eran tan redondos, tan casi perfectos; la diferencia de tiempo para grabar parecía tan notoria, que los temores estaban justificados. Mientras el tiempo y la opinión general que se pueda formar no digan otra cosa, los que nos fascinamos con Un día en el mundo no dejamos de escuchar Mapas una y otra vez. Una primera impresión es que al vez le falte algo de la magia que el primer disco derrochaba a raudales; ahí todavía no sé qué contestar. Creo que puede ser cierto, pero necesitaré mucho tiempo para convencerme.

También, escuchando los primeros cortes, se diría que a las canciones les faltará fuerza en el directo, sobre todo por el tono lento y pausado de muchas de ellas. La verdad es que eso pensaba yo del primer disco, y cuando lo escuché bajo un escenario por primera vez me di cuenta de que estaba equivocado. El grupo consigue, casi de forma natural, una gran sincronía con el público. La gente grita las letras a coro, casi por encima del cantante; muchos temas son pedidos y aclamados cuando llegan; el coro final de Sharabbey road es replicado hasta la saciedad cuando los músicos abandonan el escenario... Por eso, creo que estas canciones también se abrirán hueco y tendrán su propia fuerza al ser interpretadas. Porque emoción y calidad no les faltan.

Sobre las letras, parece que hubiera más consenso en que las grandes metáforas han dado paso a letras más de andar por casa, más comprensibles, igual de evocadoras. Musicalmente, el disco es una delicia para los oídos que se debe paladear lentamente, muchas veces, encontrando cada vez detalles nuevos en cada rincón de cada corte. De los doce ya conocíamos dos, Boca en la tierra y Maldita dulzura, que habían tocado en conciertos anteriores. Los otros diez son nuevos, por lo que muchas otras canciones de maquetas y directos que no pertenecían a Un día en el mundo se han quedado fuera. Aunque eso no evitará que, por ejemplo Iglús, sea una de las canciones con más fuerza de la banda.

Es difícil hablar de un disco si se trata de compararlo con el anterior, más teniendo en cuenta que hablamos del segundo y del primero. De hecho, casi parecería que mi única intención es hablar de lo que gana o pierde Mapas contra Un día en el mundo, y no es así. Muchas veces trato de imaginarme qué pasaría si alguno de los temas nuevos fuera antiguo y viceversa, si entonces miraría con otros ojos esas canciones cambiadas de sitio sólo por el hecho de dónde están ahora. La primera escucha de un segundo disco suele provocar, aunque sea mínimamente, una mínima y distorsionada sensación de degradación frente a lo que uno ya conoce, a las canciones y sonidos que ya se han oído decenas de veces. Cualquier nuevo instrumento, cambio en la voz, en el ritmo, en la impresión... suena extraño de cualquier manera. Hasta que uno, de escuchar varias veces y empezar a memorizar letras y música, termina asimilando los nuevos temas como los primeros. Por eso creo que hará falta mucho tiempo para poder, si se quiere o si no se puede evitar, hacer comparaciones adecuadas.

En cualquier caso, Mapas me parece un discazo enorme que recomendar y que escuchar, tanto si se conocía al grupo de antemano como si no. En los días que corren, con tanta música de lata que parece más un producto para vender y algo vinculado más a una imagen que al sonido de que está hecho, da gusto encontrar grupos como éste que siguen cuidando lo que hacen, que no tienen prisa por componer sus canciones y contar sus historias, y que son capaces de transmitir tanto con sus canciones. Sea o no la misma que antes, siguen teniendo ese toque mágico.

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