10 de mayo de 2011

Historia de unas escaleras (1)

Como muchos otros, a menudo juego a ser arquitecto de mi día, de mi semana, de mí mismo. A veces también me dejo llevar, y el fruto de lo que viene es un misterio. Pero en lo que voy pensando hoy, mientras llego a las escaleras de piedra, es en cómo el sólido castillo que el arquitecto ha creado en mi mente se convierte en un inestable castillo de naipes, que tiembla como un flan, al contacto con el mundo real. Quizás sepas de qué va esto. El otro día garabateé unas pocas líneas en una hoja de papel por la mañana, pensando en lo que esperaba de este día; más concretamente, en lo que esperaba hacer. Lo cierto es que no me sorprendió olvidarme completamente de aquella hoja y, al llegar a casa por la noche, comprobar con rubor que la mitad de aquellas líneas estaban sin tachar. De hecho, la mayoría de las más importantes estaban entre ellas.

Aunque es tarde, todavía no ha anochecido completamente. La suave brisa es lo único que separa al paisaje del silencio total. Hacía tiempo que no escuchaba un silencio tan profundo, tan embriagador. Al menos, en un sitio que suele estar lleno de gente. Pero no a estas horas. Se empieza a notar el efecto del verano e, incluso a estas horas, casi hace calor. Y pensar que esas escaleras estaban nevadas hace pocos meses. No sé lo que hice después, pero supongo que las terminé bajando. No era plan de quedarse allí arriba toda la noche... pero ya estoy divagando. ¿Ves, lo fácil que es en el mundo real, en ése dónde las líneas se resisten tanto a ser tachadas? ¿Ves lo fácil que es que uno se vaya volando con la brisa y los naipes caigan al suelo con un sordo estrépito?

Sería un día de estos, tal vez con más lluvia, cuando pasé de casualidad por tu puerta. Ya sabes que no se me da bien construir; y si mal lo hago de arquitecto, peor todavía de poeta. Y allí estaba yo, al frente de un ejército de inconexos pensamientos, dispuesto a que me sirvieras una copa de tu encanto a cambio sólo de mi pobre prosa, dispuesto a divagar las horas que hicieran falta. Una pena que, al igual que las letras sobre una hoja, las que están al fondo de la lengua se aferren tanto a las cuerdas vocales y no quieran salir. O al menos, no quieran salir sin maquillaje por encima. O son unas malditas, o soy yo el que se está volviendo loco.

Deben ser viejos estos escalones, el cemento que une las piedras ajado y lleno de grietas, recordando quizás tiempo mejores. O tal vez ha sido así siempre. Al contrario de lo que uno proyecta para esta tarde (o para dentro de tres años), existe un lugar donde todo queda fijo, donde todos somos inmortales, y donde los atardeceres se mezclan unos con otros, diluyéndose lentamente mientras los nuevos se van colocando encima. Ya sabes, el pasado. Ese sitio donde uno mira de vez en cuando cómo estamos todos. Cómo fuimos, mientras las escenas se van evaporando como burbujas en la brisa.

De cualquier manera, en esa parcela suspendida en el infinito que es el pasado, las torres de naipes nunca caen. Se congelan, quedan suspendidas en el aire, sólidas o a punto de caer. Pero no caen. Es posible encontrar algunas que están tiradas por el suelo, es verdad. Aunque no van a moverse. Nunca han podido estar de pie, y tal vez por eso tampoco sea importante. Termina por hacerse de noche, y mis pasos se pierden en la oscuridad dejando atrás esos escalones. Mañana volverán a perderse, quizás, y así durante incontables días, hasta que en un día se pierdan y ya sólo sean una panorámica del pasado, un enorme álbum de fotos con cientos de fotos apiladas unas sobre otras; todas iguales, todas diferentes. Tal vez empiezo a correr, temeroso de acabar como esas fotos. Mejor no pensarlo.

Sería un día de estos, tal vez un día de atardecer y brisa, cuando volví a ver tu puerta a lo lejos. Una pena saber que no estás y no poder fingir que no voy a golpearla por si la abrieras. Una pena que la pobre prosa se quedara en el cajón esta vez. Me da por correr; antes de que nos hagamos burbujas; antes de saber dónde quedaron nuestras escaleras; antes de llegar a darle forma a todo esto. Antes de que las líneas corran a tacharse solas...

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada